domingo, 9 de agosto de 2026

Rod Stewart: lluvia, café y recuerdos de rock

 

 

 


 

Esta tarde de domingo la lluvia cae sobre Saltillo con esa melancolía que solamente tienen las tardes que parecen hechas para recordar. Suena “Passion”, de Rod Stewart, mientras tomo un buen café vespertino, y de pronto el tiempo se regresa. Me lleva al viejo Bar Dublín, en la calle de Zaragoza, dentro del edificio Purcell. Hay lugares que no desaparecen aunque cierren sus puertas; se quedan viviendo en nuestra memoria, acompañados por una canción, una voz, una copa o una conversación. Y hoy, con la lluvia golpeando las ventanas, Rod Stewart vuelve a ponerle música a aquellos recuerdos.

Rod Stewart es de Londres, Inglaterra, pero su música siempre pareció pertenecer a todas partes. Al rock le puso elegancia; al blues, sentimiento; al soul, pasión; y a las baladas, esa voz áspera y quebrada que parecía venir de una noche larga. No fue un cantante de laboratorio ni una voz fabricada para sonar perfecta. Rod Stewart cantaba como viven los verdaderos rockeros: con cicatrices, pasión y libertad. Su estilo recorrió el rock, el blues, el folk, el soul y el pop, pero nunca perdió su identidad.

Y entonces aparecen los clásicos: “Maggie May”, “Sailing”, “Da Ya Think I'm Sexy?”, “Tonight's the Night”, “You're in My Heart”, “I Don't Want to Talk About It”, “Young Turks”, “Forever Young” y “Passion”. Canciones que han acompañado generaciones y que, de alguna manera, tienen la extraña virtud de envejecer con nosotros. Porque uno escucha una canción a los veinte años y la entiende de una manera; vuelve a escucharla décadas después y descubre que la canción era la misma, pero uno ya no es el mismo.

Eso es lo maravilloso del rock. No solamente se escucha: se vive. Rod Stewart nos recuerda que también hay que saber disfrutar el camino, celebrar una noche, enamorarse, equivocarse, volver a empezar y brindar por los recuerdos. Su música tiene algo de carretera, de bar, de madrugada, de amor perdido y de juventud que se fue sin pedir permiso. Pero también tiene alegría. Porque incluso la nostalgia puede ser una forma de celebrar que estuvimos ahí.

Quizá por eso, después de tantos años, nadie ha podido superar el estilo de Rod Stewart. Podrán existir grandes voces, grandes músicos y extraordinarios intérpretes, pero esa combinación de rock, blues, soul, elegancia y actitud pertenece solamente a él. Rod Stewart no necesita demostrar que es una leyenda; basta con que suene una canción para que aparezca el recuerdo.

Y aquí estoy, en esta tarde lluviosa de domingo, con mi café, escuchando “Passion” y viajando sin moverme de mi silla. Regreso por un instante al Dublín, al edificio Purcell, a la calle Zaragoza y a aquellos años en que la música parecía tener más tiempo para nosotros.

Porque algunas canciones no envejecen. Envejecemos nosotros.

Y cuando vuelve a sonar Rod Stewart, el rock nos recuerda que todavía estamos vivos.

" El Señor es mi Pastos, el Blues mi Religión. Hermanos el Blues sea con ustedes" JBR

jueves, 30 de julio de 2026

El blues: donde la tristeza aprende a sonreír

 





Hay quienes creen que el blues nació para llorar. Tal vez porque escuchan el lamento de una guitarra o la voz rasgada de un viejo cantante y piensan que sólo existe tristeza entre sus acordes. Pero quienes han permitido que el blues habite su alma saben que esa idea está incompleta. El blues nunca fue un canto a la derrota; fue el milagro de convertir el dolor en esperanza.

El blues nació donde parecía imposible que floreciera la alegría. Surgió entre caminos polvorientos, manos cansadas y corazones marcados por la injusticia. Sin embargo, en lugar de responder con odio, eligió responder con música. Y esa decisión cambió la historia.

Por eso existen blueses tristes y blueses felices. Hay melodías que acompañan una despedida y otras que hacen mover los pies sin pedir permiso. Hay canciones que abrazan el silencio de una noche solitaria y otras que iluminan un bar lleno de amigos. En el blues caben todas las emociones humanas, porque la vida nunca ha sido de un solo color.

Quizá por eso el inolvidable B. B. King nunca dejó de sonreír mientras hacía llorar a su guitarra Lucille. Quienes tuvieron la fortuna de verlo sobre un escenario comprendieron que el blues podía hacer llorar los ojos mientras llenaba de alegría el corazón. B. B. King entendía que la felicidad no consiste en no haber sufrido, sino en aprender a cantar después de cada herida.

Esa misma enseñanza la ha compartido durante años Jorge Blanco, el teacher del blues. Más que difundir canciones, ha sembrado una cultura. Una forma de entender la música donde la amistad vale más que los reflectores y donde una buena conversación entre amantes del blues tiene tanto valor como un gran concierto. Porque el blues no se presume; se comparte.

Quizá esa sea la diferencia más profunda entre el blues y cualquier otra expresión musical. En el blues rara vez se escucha la pregunta de quién es el mejor guitarrista, quién sabe más discos o quién merece ocupar el primer lugar. Esa competencia simplemente no forma parte de su esencia. Cada músico aporta una historia distinta, y todas son respetadas porque cada una nació de una experiencia irrepetible.

En cambio, algunos espacios del rock han permitido que el ego haga demasiado ruido. No es culpa del rock, cuya historia también está llena de fraternidad, rebeldía noble y solidaridad. El problema aparece cuando las inseguridades se disfrazan de grandeza y la egolatría sustituye a la música. Entonces el escenario deja de ser un lugar de encuentro para convertirse en una vitrina donde algunos buscan demostrar que brillan más que los demás.

Pero el blues permanece inmóvil frente a esa tentación. Nunca necesitó coronas, porque comprendió que la música no tiene reyes. Nunca necesitó vencedores, porque nadie puede ganar una competencia cuyo verdadero premio consiste en emocionar a otro ser humano.

El blues enseña que un buen músico no es quien toca más notas, sino quien logra tocar más corazones. Enseña que una guitarra puede llorar sin perder la esperanza, que una voz puede quebrarse sin perder la dignidad y que un silencio bien acompañado puede decir más que un aplauso interminable.

Tal vez por eso, después de tantos años, el blues sigue caminando con la misma humildad con la que nació. No necesita modas para sobrevivir ni escenarios gigantes para existir. Le basta una guitarra, una voz sincera y alguien dispuesto a escuchar con el corazón.

Porque, al final, el blues no es tristeza. El blues es la alegría de quien sobrevivió a la tristeza. Es la serenidad de quien dejó de competir para comenzar a compartir. Es el abrazo invisible entre desconocidos que descubren que una misma canción puede contar la historia de ambos.

Y mientras existan personas como B. B. King, que nos enseñó a sonreír desde el dolor, y Jorge Blanco, que continúa recordándonos que el blues es una escuela de amistad y humildad, esta música seguirá siendo mucho más que un género: será una filosofía de vida. Una filosofía que nos recuerda que la verdadera grandeza nunca nace del ego, sino de la capacidad de hacer que otro corazón encuentre esperanza en una simple nota de blues.

"El Señor es mi ¨Pastor. El blues mi religion. Hermanos el Blues sea con Ustedes" JBR 

domingo, 26 de julio de 2026

Cuando el blues se viste de béisbol

 

 

 


Hay tardes que parecen haber sido escritas por un guitarrista de blues. El sol comienza a descender lentamente, el viento mueve con delicadeza el polvo de un viejo diamante de béisbol y, en algún rincón, una guitarra deja escapar una nota larga, profunda, casi melancólica. Entonces uno comprende que el blues y el béisbol nunca estuvieron tan lejos uno del otro; simplemente hablaban idiomas distintos para contar la misma historia.

Ambos nacieron de la tierra. No de los grandes escenarios ni de los reflectores, sino del esfuerzo cotidiano de hombres y mujeres que aprendieron a convertir el cansancio en esperanza. El blues brotó entre los campos de algodón del Delta del Mississippi, donde los descendientes de esclavos encontraron en la música una forma de seguir respirando cuando las palabras ya no bastaban. El béisbol, por su parte, floreció en barrios obreros, pequeñas comunidades y pueblos donde un bate de madera y una pelota bastaban para reunir a toda una familia alrededor de un sueño.

Los dos crecieron casi al mismo tiempo, alimentados por la sencillez de la gente común. Mientras un músico afinaba una guitarra bajo el porche de una casa de madera, unos niños improvisaban las bases con piedras y ramas. En ambos lugares se aprendía la misma lección: la vida nunca promete victorias fáciles, pero siempre concede una nueva oportunidad.

Quizá por eso el blues nunca tuvo prisa. Como un lanzador veterano, sabía esperar el momento exacto para colocar la nota perfecta. No necesitaba velocidad; necesitaba sentimiento. Del mismo modo, el béisbol jamás ha sido un deporte de relojes apresurados. Es un juego donde la paciencia vale tanto como el talento, donde cada lanzamiento es una conversación silenciosa entre dos voluntades y donde el silencio puede ser tan emocionante como el estruendo de un cuadrangular.

El blues habla de derrotas, pero nunca de rendición. Sus canciones recuerdan amores perdidos, caminos polvorientos y noches interminables; sin embargo, detrás de cada acorde existe una invitación a seguir adelante. El béisbol comparte esa filosofía. Ningún bateador es perfecto. Incluso los inmortales del Salón de la Fama conocieron el fracaso más veces de las que conectaron un hit. En ambos mundos se aprende que caer forma parte del viaje y que la verdadera grandeza consiste en volver a levantarse cuando nadie apuesta por uno.

Existe otra semejanza que pocas veces se menciona: los dos respetan profundamente el tiempo. El blues no puede tocarse con prisas; necesita respirar entre nota y nota para que cada emoción encuentre su lugar. El béisbol tampoco acepta atajos. Cada entrada tiene su historia, cada turno al bate exige concentración y cada partido construye lentamente un relato que solo se comprende cuando llega el último out.

Quienes crecimos escuchando discos de B. B. King, Muddy Waters o Buddy Guy sabemos que una guitarra puede narrar una vida entera sin pronunciar una sola palabra. Del mismo modo, quienes alguna vez permanecieron en las gradas de un viejo estadio entienden que el sonido de una pelota golpeando el bate puede despertar recuerdos que parecían olvidados. Ambos sonidos poseen algo en común: nos transportan a la infancia, a los amigos que ya no están, a los padres que enseñaron a lanzar una pelota o a descubrir que doce compases podían contener el universo entero.

Hoy vivimos en un mundo acelerado, donde todo parece medirse por la inmediatez. Sin embargo, el blues y el béisbol resisten como viejos amigos que se niegan a desaparecer. Ambos nos recuerdan que la belleza también habita en la espera, que las mejores historias requieren tiempo y que las emociones auténticas jamás pasan de moda.

Tal vez por eso imagino que, cuando termina un partido al caer la tarde y el estadio comienza a vaciarse, en algún lugar cercano una guitarra empieza a interpretar un viejo blues. Las últimas luces del día iluminan el diamante, el eco del último batazo aún flota en el aire y, por un instante, parece que el béisbol y el blues se saludan como dos viejos compañeros de camino

No es casualidad que muchos estadios estadounidenses respiren música blues en sus alrededores, ni que tantas historias de peloteros estén acompañadas por una vieja guitarra. Los dos forman parte de la memoria colectiva de un país construido por trabajadores, inmigrantes, soñadores y personas que nunca dejaron de creer que el esfuerzo termina dando frutos.

Pero existe una última coincidencia que convierte al blues y al béisbol en auténticos hermanos de espíritu: ninguno nació para presumir, sino para acompañar el alma de la gente sencilla. El blues no se escucha únicamente con los oídos, sino con el corazón; el béisbol no se contempla solo con la vista, sino con la paciencia de quien entiende que las grandes victorias se construyen lanzamiento a lanzamiento. Ambos enseñan que el éxito no consiste en evitar el fracaso, sino en encontrar la fortaleza para levantarse una vez más, afinar la guitarra, tomar nuevamente el bate y volver a creer.

Quizá por eso, cuando una guitarra de blues comienza a sonar mientras el sol desaparece detrás de las gradas de un viejo estadio, el tiempo parece detenerse. En ese instante, la música y el deporte dejan de ser simples expresiones culturales para convertirse en una filosofía de vida. Porque tanto el blues como el béisbol nos recuerdan que las mejores historias nunca pertenecen a quienes siempre ganan, sino a quienes jamás renuncian a seguir jugando el partido de la vida ni dejan de encontrar una melodía para alimentar la esperanza.

"El Señor es mi Pastor, el Blues mi religión, Hermanos el Blues sea con ustedes" JBR 

 

 


 


sábado, 25 de julio de 2026

Bee Gees y la música disco: cuando la felicidad también tenía ritmo

 

Hablar de la música disco es mucho más que recordar una moda de los años setenta. Es evocar una época en la que el mundo encontró, a través de la música, una forma de expresar libertad, convivencia y esperanza. En medio de cambios sociales, crisis económicas y tensiones políticas, la pista de baile se convirtió en un espacio donde desaparecían las diferencias y solo importaba una cosa: celebrar la vida. Los Bee Gees fueron la voz de ese movimiento que hizo del ritmo un lenguaje universal.

La música disco no distinguía clases sociales, nacionalidades, ideologías ni edades. Bastaban los primeros acordes para que desconocidos compartieran la misma pista de baile. En un tiempo en el que el mundo parecía dividido, la música logró lo que muchas veces la política no pudo: reunir a las personas en un ambiente de respeto, alegría y fraternidad. Bailar era un acto de libertad; sonreír al ritmo de una canción era una manera de decir que la vida también merecía celebrarse.

Los Bee Gees comprendieron mejor que nadie el poder de la música para unir corazones. Sus armonías no solo invitaban a bailar, sino también a sentir. Temas como Stayin' Alive, Night Fever y How Deep Is Your Love trascendieron las discotecas para convertirse en himnos de una generación que buscaba momentos de felicidad en medio de las dificultades cotidianas. Aquellas canciones no eran únicamente éxitos comerciales; eran abrazos musicales capaces de reunir familias, fortalecer amistades y dar origen a innumerables historias de amor.

Quizá la mayor enseñanza de la música disco sea que la felicidad también puede ser colectiva. En una pista de baile nadie preguntaba quién eras o de dónde venías; lo único importante era compartir el mismo ritmo. La música derribaba prejuicios, construía puentes entre personas distintas y recordaba que la convivencia nace cuando dejamos de lado las diferencias para disfrutar aquello que nos une.

Con el paso del tiempo, algunos críticos intentaron reducir la música disco a una moda pasajera. Sin embargo, el tiempo ha demostrado lo contrario. Décadas después, basta escuchar los primeros compases de una canción de los Bee Gees para que resurjan recuerdos de reuniones familiares, fiestas entre amigos, romances juveniles y noches en las que el reloj parecía detenerse. La nostalgia no nace únicamente por la música, sino por todo lo que esa música representó.

Vivimos en una época donde la tecnología nos mantiene permanentemente conectados, pero no siempre cercanos. Paradójicamente, la música disco consiguió hace cincuenta años algo que hoy seguimos buscando: la convivencia auténtica. No había teléfonos móviles iluminando los rostros; eran las sonrisas las que iluminaban la pista. No existían redes sociales para presumir el momento; el verdadero valor consistía en vivirlo plenamente.

Los Bee Gees nos recuerdan que la música tiene la extraordinaria capacidad de construir comunidad. Cada una de sus canciones es una invitación a volver a creer en la alegría compartida, en la amistad sincera y en la libertad de expresar nuestras emociones sin temor al juicio de los demás. Su legado no se limita a millones de discos vendidos, sino a millones de recuerdos felices que permanecen vivos en varias generaciones.

Quizá por eso la música disco nunca desapareció. Cambiaron las modas, evolucionaron los estilos musicales y se apagaron muchas de aquellas discotecas, pero su esencia continúa viva cada vez que una canción logra reunir personas alrededor de una misma emoción. Mientras exista alguien dispuesto a bailar sin prejuicios y a compartir su alegría con los demás, el espíritu de la música disco seguirá presente.

La lección de los Bee Gees

Los Bee Gees nos enseñaron que la verdadera grandeza de la música no consiste únicamente en llenar estadios o encabezar las listas de popularidad. Su mayor legado fue demostrar que una canción puede derribar barreras, sembrar esperanza y recordar que la felicidad es más plena cuando se comparte. En un mundo que con frecuencia insiste en dividirnos, la música disco nos dejó una enseñanza que sigue vigente: la libertad se baila, la convivencia se construye y la felicidad encuentra su mejor expresión cuando el corazón late al mismo ritmo que los demás.

"El Seññor es mi Pastor El blues mi Religión.Hermanos el Blues sea con ustedes" JBR 




jueves, 23 de julio de 2026

Jorge Blanco: el hombre que predicó la religión del blues

 

 


 

Desde los pasillos del bachillerato del Colegio México conocí a Jorge Blanco. Eran años en los que el rock marcaba nuestra forma de ver la vida. Mis preferencias se inclinaban hacia el rock-pop con bandas como The Police, Foreigner, REO Speedwagon y Styx. Jorge, en cambio, encontraba su identidad en el rock más pesado, escuchando a Led Zeppelin, Black Sabbath y otras agrupaciones que con el tiempo se convertirían en leyendas. Aunque nuestros gustos eran distintos, ambos compartíamos la misma pasión: el rock como una forma de vivir.

Entre todas las bandas que Jorge mencionaba con entusiasmo, siempre destacaba Led Zeppelin. Con el paso del tiempo comprendí que esa admiración nacía, en buena medida, por la profunda influencia del blues que caracteriza especialmente a los primeros cuatro discos de la agrupación. Aquellos álbumes estaban impregnados del blues británico que retomó las raíces afroamericanas para llevarlas a una nueva dimensión. Esa pasión fue creciendo hasta convertir a Jorge en el conductor de un espacio innovador: "Blues, Solo Blues", dentro del programa Sábado Internacional de la legendaria XEKS, desde donde compartía con conocimiento y entrega la riqueza de este género musical.

Los años transcurrieron y fue en abril de 2011 cuando nuestros caminos volvieron a cruzarse, esta vez en los fértiles senderos del blues. Jorge Blanco no sólo hablaba de este género: lo predicaba con la convicción de quien comparte una fe. Siempre he dicho, en sentido figurado, que parecía haber sido nombrado por el propio Pedro como sucesor para difundir el evangelio del blues. Cada sábado acudía puntualmente a escuchar "Blues, Solo Blues", donde descubrí que el blues no consistía únicamente en conocer intérpretes o estilos, sino en comprender una auténtica filosofía espiritual. Jorge enseñaba que el blues era una manera de entender la vida, de convertir el dolor en esperanza y las dificultades en arte.

Gracias a aquellas transmisiones pude descubrir a los grandes maestros del género: Buddy Guy, B.B. King, Stevie Ray Vaughan, Eric Clapton, Lance López y Joe Bonamassa, entre muchos otros. También aprendí a identificar los diferentes estilos del blues, desde el sonido clásico y primitivo de Robert Johnson hasta el blues intenso, eléctrico y poderoso de Buddy Guy, entendiendo cómo el género evolucionó sin perder nunca su esencia.

Asistir semana tras semana a ese programa fue como tomar una clase magistral de música. Poco a poco fui educando el oído para distinguir la calidad, la autenticidad y el sentimiento que caracterizan al buen blues. Esa sensibilidad musical también me permitió comprender mejor el rock y apreciar con mayor profundidad el jazz. Jorge Blanco no sólo compartía canciones; formaba escuchas capaces de descubrir el alma que existe detrás de cada nota.

Cuando Jorge Blanco se retira de la XEKS y con ello sale del aire Blues, Solo Blues, concluye una etapa invaluable para la radio y para quienes encontramos en ese espacio una auténtica escuela musical. Su ausencia deja un vacío difícil de llenar, porque Jorge no era simplemente un locutor; era un investigador incansable, un apasionado que siempre estaba actualizado en ese rincón del blues que construyó durante tantos años. Su programa fue mucho más que una selección de canciones: fue una cátedra donde aprendimos a escuchar, comprender y sentir el blues como una filosofía de vida. En cada emisión compartía datos históricos, anécdotas y recomendaciones que nos llevaban a descubrir nuevos artistas y a redescubrir a los grandes maestros del género. Quienes tuvimos el privilegio de acompañarlo cada sábado sabemos que su legado permanecerá vivo en nuestra memoria y en nuestros oídos. Jorge Blanco deja los micrófonos de la XEKS, pero jamás dejará de ser uno de los grandes promotores y evangelizadores del blues en nuestra región. Su voz se despide del aire, pero su enseñanza seguirá sonando en cada acorde de blues que escuchemos.

Más que un conductor de radio, Jorge Blanco fue un maestro que enseñó a varias generaciones que el blues no sólo se escucha: se estudia, se comprende y, sobre todo, se vive. Quienes tuvimos la fortuna de ser sus radioescuchas podemos afirmar que cada sábado no sólo aprendíamos de música, sino también de la historia, la cultura y el sentimiento que dieron origen al blues. Por ello, su legado trasciende los micrófonos de la XEKS y permanece vivo en cada persona que, gracias a él, descubrió que detrás de un buen solo de guitarra siempre hay una historia que conta

" El Señor es mi Pastor. El Blues mi religión.... Hermanos el Blues sea con ustedes" JBR


lunes, 20 de julio de 2026

Sting y Soda Stereo: el puente que unió al rock en inglés con el rock en español

 



El rock es un lenguaje universal. Aunque nace en distintos contextos culturales, las grandes bandas y artistas han influido en músicos de todo el mundo, quienes han tomado elementos para construir una identidad propia. Uno de esos casos es el de Sting, quien primero como líder de The Police y después como solista dejó una huella profunda en el rock contemporáneo. Su estilo elegante, su capacidad para fusionar géneros y la profundidad de sus composiciones encontraron eco en numerosas bandas latinoamericanas, entre ellas Soda Stereo, una de las agrupaciones más importantes del rock en español.

Cuando se habla de Sting, no solo se hace referencia a un extraordinario bajista o cantante. También se habla de un músico inquieto que rompió las barreras tradicionales del rock al incorporar reggae, jazz, música clásica, pop y ritmos del mundo. Esa búsqueda constante de nuevas sonoridades convirtió sus canciones en verdaderas obras de experimentación sin perder su capacidad de conectar con el público.

Durante la década de los ochenta, el sonido de The Police llegó con fuerza a América Latina. Su propuesta era distinta al rock pesado que predominaba en algunos escenarios. Canciones con guitarras limpias, líneas de bajo muy marcadas, baterías precisas y un uso inteligente de los silencios ofrecían una nueva manera de entender el rock. Ese estilo fue especialmente atractivo para jóvenes músicos que buscaban alejarse de las fórmulas tradicionales.

Soda Stereo supo recoger esa influencia sin caer en la imitación. Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti desarrollaron una personalidad propia, pero es posible reconocer en sus primeras producciones algunos elementos que recuerdan a The Police: el protagonismo del bajo, las guitarras con efectos de chorus y delay, las atmósferas sonoras y un enfoque melódico que privilegiaba la elegancia sobre la agresividad. Temas como Sobredosis de TV, Trátame Suavemente o Cuando Pase el Temblor muestran una banda que aprendió de los grandes referentes internacionales para crear un sonido auténticamente latinoamericano.

Más allá de lo musical, Sting también influyó en la forma de escribir canciones. Sus letras suelen combinar poesía, reflexión social y una sensibilidad poco común dentro del rock comercial. Esa visión artística también puede apreciarse en la evolución de Gustavo Cerati, quien transformó las letras del rock en español en un espacio para la metáfora, la introspección y la belleza literaria.

Con el paso de los años, Soda Stereo dejó atrás las comparaciones y construyó un estilo propio que alcanzó discos fundamentales como Signos, Doble Vida y Canción Animal. Sin embargo, toda gran banda tiene influencias, y reconocerlas no disminuye su mérito; al contrario, demuestra cómo la música evoluciona a partir del diálogo entre distintas generaciones y culturas.

La influencia de Sting también trascendió el aspecto sonoro. Su disciplina musical, su constante evolución artística y su negativa a conformarse con el éxito comercial representan un ejemplo para cualquier músico. Nunca dejó de explorar nuevos caminos, demostrando que el verdadero artista no teme reinventarse. Esa filosofía puede verse reflejada en la carrera de Cerati, quien también buscó permanentemente nuevos horizontes musicales.

En definitiva, el legado de Sting no consiste en haber creado seguidores que copiaran su estilo, sino en inspirar a músicos capaces de desarrollar una voz propia. Soda Stereo es quizá el mejor ejemplo de esa influencia en el rock en español: tomó algunos elementos del universo sonoro de The Police y los transformó en una propuesta original que marcó a toda una generación de habla hispana.

El rock demuestra así que las fronteras no existen cuando la creatividad es auténtica. Un músico inglés pudo inspirar a tres jóvenes argentinos, y éstos, a su vez, inspiraron a millones de personas en toda Latinoamérica. Esa es la grandeza del rock: una cadena de influencias donde cada artista aporta algo nuevo sin olvidar a quienes abrieron el camino.

Frase final:

"Los grandes músicos no crean imitadores; inspiran nuevas generaciones capaces de encontrar su propia voz. Así ocurrió con Sting y así floreció el universo musical de Soda Stereo."

 

"El Señor es mi Pastor, el Bluesmi religión: Hermanos el Blues sea con Ustedes" JBr

sábado, 18 de julio de 2026

El rock nos une: la autenticidad por encima de los reflectores

 

El rock nunca ha sido solamente un género musical. Es una forma de entender la vida, una actitud frente a la injusticia, una expresión de libertad y una comunidad donde las personas se reconocen por su autenticidad. Quien ha vivido el rock sabe que no importa la edad, la profesión o el lugar de origen; cuando suena una guitarra y una canción toca el corazón, desaparecen las diferencias y nace un sentimiento de pertenencia. El rock nos une porque nos recuerda que todos compartimos emociones, historias y sueños.

A lo largo de su historia, el rock ha sido un motor de cambio. Ha levantado la voz cuando otros guardaban silencio, ha cuestionado el poder, ha defendido la libertad de expresión y ha inspirado a generaciones enteras a ser ellas mismas. Su esencia nunca ha sido la competencia entre personas, sino la solidaridad entre quienes encuentran en la música una forma de expresar lo que sienten. Por eso, el verdadero rock no divide; construye amistades, crea comunidades y fortalece la identidad de quienes creen en la honestidad.

En ese espíritu del rock no hay lugar para la soberbia. El ego desmedido contradice los valores que dieron origen a este movimiento. Los grandes músicos que han dejado huella no solo destacaron por su talento, sino también por el respeto hacia su público, por el reconocimiento a otros artistas y por la humildad de seguir aprendiendo. La música deja de ser un puente cuando alguien pretende convertirla en un pedestal para sentirse superior.

Tampoco la envidia tiene cabida. El rock celebra el talento ajeno porque entiende que cada banda, cada cantante y cada músico aporta algo diferente. La rivalidad basada en el resentimiento destruye aquello que el rock ha construido durante décadas: una hermandad sustentada en el respeto mutuo. Quien disfruta sinceramente del rock se alegra cuando otro crece, porque sabe que el éxito de uno fortalece a toda la comunidad.

Lamentablemente, siempre aparecen quienes intentan vestir la imagen del rock sin comprender su esencia. Buscan protagonismo antes que compartir la música; desean reflectores antes que amistades; persiguen cámaras antes que escenarios donde la pasión sea el verdadero motivo para reunirse. Su interés no es la cultura del rock, sino la atención que pueden obtener de ella. La apariencia sustituye al compromiso y la vanidad ocupa el lugar de la autenticidad.

Es importante distinguir entre un rockero y un simulador. El rockero vive sus valores dentro y fuera de un concierto. Respeta a los demás, comparte conocimientos, reconoce el trabajo ajeno y entiende que nadie es más importante que la música. El simulador, en cambio, utiliza el rock como una plataforma para alimentar su ego. Puede conocer canciones, vestir como rockero o asistir a todos los eventos, pero si sus acciones están guiadas por la soberbia, la descalificación o la búsqueda constante de reconocimiento, ha perdido el sentido de aquello que dice representar.

Hoy más que nunca necesitamos recuperar el verdadero espíritu del rock: el de la amistad, la lealtad y el respeto. La música debe ser un punto de encuentro y no un espacio para las rivalidades personales. Cada concierto, cada reunión y cada canción son oportunidades para recordar que la grandeza del rock no se mide por la cantidad de fotografías, entrevistas o aplausos que alguien recibe, sino por la capacidad de inspirar, unir y dejar una huella positiva en los demás.

El rock seguirá vivo mientras existan personas auténticas que lo vivan con pasión y humildad. Los reflectores se apagan, las cámaras dejan de grabar y la fama es pasajera; pero la amistad, la congruencia y el amor por la música permanecen. Al final, el verdadero rockero no necesita demostrar lo que es: lo refleja con su conducta.

Porque el rock no se presume, se vive; no se utiliza para sobresalir sobre los demás, sino para caminar juntos. Donde hay soberbia, envidia y simulación, el rock pierde su esencia. Donde hay humildad, respeto y fraternidad, el rock siempre encontrará un hogar.

"El Señor es mi Pastor, El Blues mi religión...... Hermanos el blues sea con ustedes" JBR



sábado, 27 de junio de 2026

Bangladesh: cuando el rock eligió la fraternidad

 




 

El Concierto para Bangladesh constituye uno de los episodios más inspiradores en la historia del rock. Más allá de la extraordinaria calidad musical, aquel encuentro demostró que la verdadera grandeza de los artistas se manifiesta cuando ponen su talento al servicio de la humanidad. En una época marcada por tensiones políticas y sociales, siete grandes figuras y agrupaciones del rock decidieron reunirse para ayudar a quienes sufrían las consecuencias de la guerra y la crisis humanitaria en Bangladesh. Aquella jornada confirmó que la música puede convertirse en un lenguaje universal de paz, solidaridad y colaboración.

George Harrison fue el principal impulsor de esta iniciativa. Con sensibilidad y liderazgo convocó a músicos como Bob Dylan, Eric Clapton, Billy Preston, Leon Russell, Badfinger y, por supuesto, a Ringo Starr. La presencia de Ringo tuvo un significado especial, pues representó la amistad que sobrevivía entre dos integrantes de los Beatles a pesar de la separación del grupo. Si bien el concierto no fue organizado con el propósito de reunir nuevamente a los Beatles, tanto Harrison como Starr mantuvieron siempre una actitud conciliadora, convencidos de que el diálogo y el respeto eran caminos más sólidos que el resentimiento. Su ejemplo demuestra que las diferencias pueden existir sin destruir la fraternidad.

Lo que más trasciende de aquel concierto no es únicamente el éxito artístico, sino el mensaje ético que dejó para las generaciones posteriores. La fraternidad rockera no consiste en pensar igual ni en pertenecer a una misma banda; consiste en reconocer que, frente al sufrimiento humano, las diferencias ideológicas, personales o musicales pasan a un segundo plano. Desde una visión colaborativa y pacifista, el Concierto para Bangladesh nos recuerda que la paz no es solamente la ausencia de conflicto, sino la voluntad permanente de construir puentes de entendimiento, cooperación y ayuda mutua. La música fue el medio, pero el verdadero protagonista fue el espíritu de colaboración.

Como alguien que cree en la cultura de paz, encuentro en este concierto una enseñanza profundamente vigente. No me identifico con las posturas que dividen a las personas entre vencedores y vencidos; prefiero los espacios donde el diálogo, la empatía y la responsabilidad compartida permiten construir soluciones. George Harrison comprendió que el liderazgo no consiste en imponer, sino en convocar. Ringo Starr entendió que la amistad vale más que las diferencias. Ese legado sigue siendo una referencia para quienes creemos que la colaboración siempre produce mejores resultados que la confrontación.

Más de cinco décadas después, el Concierto para Bangladesh continúa recordándonos que el rock también puede ser un instrumento de reconciliación. En un mundo cada vez más polarizado, su mensaje conserva plena vigencia: la paz no nace de la uniformidad, sino de la capacidad de personas distintas para trabajar juntas por un bien común. George Harrison y Ringo Starr dejaron un legado que trasciende la música y nos invita a comprender que la fraternidad siempre será más fuerte que la división. La historia demuestra que las grandes transformaciones no nacen de la confrontación, sino de la capacidad de colaborar por un propósito superior.

domingo, 14 de junio de 2026

Chuck Mangione: La música como lenguaje de serenidad

 


Chuck Mangione fue uno de los músicos más destacados del jazz contemporáneo. Nació el 29 de noviembre de 1940 en la ciudad de Rochester, Nueva York, en los Estados Unidos. Desde temprana edad mostró interés por la música y desarrolló un notable talento para la trompeta y el fiscorno. Junto con su hermano Gap Mangione formó diversos proyectos musicales, consolidando una carrera que lo llevaría a convertirse en una figura reconocida internacionalmente dentro del jazz y la música instrumental.

A lo largo de su trayectoria artística, Mangione logró acercar el jazz a un público más amplio mediante composiciones accesibles, melódicas y llenas de sensibilidad. Su estilo fusionó elementos del jazz, la música popular y los arreglos orquestales, creando una identidad sonora propia. Gracias a esta propuesta musical, obtuvo importantes reconocimientos, incluidos varios premios Grammy, además de una amplia aceptación entre críticos y aficionados de diferentes generaciones.

Uno de los aspectos más apreciados de la música de Chuck Mangione es la tranquilidad que transmite. Sus composiciones evocan paisajes serenos, momentos de reflexión y sentimientos de esperanza. El sonido cálido de su fiscorno, acompañado de armonías suaves y melodías envolventes, invita al oyente a detenerse por un instante y disfrutar de una experiencia musical relajante. En una época marcada por el ritmo acelerado de la vida cotidiana, su música continúa siendo un refugio de calma y bienestar.

El legado de Chuck Mangione trasciende los premios y los éxitos comerciales. Su contribución al jazz contemporáneo abrió nuevas posibilidades para que este género llegara a públicos diversos sin perder calidad artística. Además, inspiró a numerosos músicos a explorar la combinación entre la técnica instrumental y la capacidad de comunicar emociones profundas. Su obra permanece vigente como ejemplo de creatividad, sensibilidad y excelencia musical.

Entre sus temas más emblemáticos destacan Feels So Good, considerada una de las piezas instrumentales más exitosas de la década de 1970; Children of Sanchez, banda sonora que le otorgó reconocimiento internacional; Land of Make Believe, una composición llena de optimismo y riqueza melódica; así como Give It All You Got, utilizada como tema oficial de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1980. Estas obras continúan siendo referentes de su talento y constituyen una valiosa herencia para la historia de la música contemporánea.

" El Señor es mi pastor, el blues mi religión,,,,, el Blues sea con Ustedes" JBR 




lunes, 8 de junio de 2026

Sábado de Energy 99: Una Comunidad Unida por el Rock





Cada primer sábado del mes nos reunimos en la ya tradicional "Cueva de Energy", un espacio donde convergen amantes del rock, la radio y la buena conversación. Entre guitarras, anécdotas y acordes inolvidables, se dan cita personajes conocidos de la escena regional y nacional como Adrián Peña, maestro del micrófono, y César Quezada, productor y DJ de consola que imprime su sello característico a cada encuentro. La convivencia se enriquece con la participación del Chef del Rock Ranchito, un apasionado promotor de la cultura rockera, así como de un locutor Don Hector representativo del rock del norte de Coahuila. También destaca la presencia de "El Hipi", líder de la banda Collision MX, quien aporta su experiencia musical y su espíritu creativo. Y, por supuesto, nunca falta uno que otro personaje singular, como el pacifista Beto, que entre bromas y reflexiones demuestra que en el rock hay espacio para todas las voces y formas de pensar.

El segundo momento de estas reuniones está marcado por el intercambio de experiencias y conocimientos entre quienes han dedicado años a promover la música rock en la región. Más que una simple convivencia, la Cueva de Energy se convierte en un foro donde se comparten historias de conciertos, programas de radio, proyectos musicales y recuerdos de distintas generaciones. Cada participante aporta una perspectiva distinta, enriqueciendo el diálogo y fortaleciendo los lazos de amistad que unen a la comunidad rockera de Coahuila.

El tercer aspecto que distingue a Sábado de Energy 99 es su capacidad para mantener viva la pasión por el rock en un ambiente de respeto y camaradería. Lejos de las divisiones o rivalidades que a veces surgen en cualquier movimiento cultural, el encuentro fomenta la colaboración entre músicos, locutores, promotores y aficionados. La música se convierte en un lenguaje común que une a personas con distintas trayectorias, demostrando que el rock sigue siendo una expresión cultural vigente y capaz de generar identidad entre quienes lo disfrutan.

En un cuarto momento, la reunión también sirve para reconocer el talento local y el esfuerzo de quienes mantienen activa la escena musical de la región. Bandas emergentes, proyectos independientes y espacios dedicados a la difusión del rock encuentran en estos encuentros una plataforma para compartir sus propuestas. De esta manera, Sábado de Energy 99 no solo celebra la historia del género, sino que también impulsa su renovación y continuidad entre las nuevas generaciones de seguidores.

Finalmente, Sábado de Energy 99 representa mucho más que una reunión mensual. Es un espacio de amistad, memoria, cultura y pasión por la música. La combinación de voces experimentadas, músicos comprometidos y aficionados entusiastas convierte cada encuentro en una experiencia única. En una época donde la comunicación suele ser cada vez más virtual, estos espacios presenciales recuerdan la importancia de convivir, compartir ideas y celebrar aquello que une a las personas: el amor por el rock y la comunidad que se forma alrededor de él.

Como conclusión, Sábado de Energy 99 demuestra que la música es capaz de reunir a personas de distintas edades, profesiones e ideologías alrededor de una misma pasión. La Cueva de Energy se ha convertido en un punto de encuentro donde prevalecen la amistad, el respeto y el gusto por el rock como expresión cultural. Más allá de las canciones y los recuerdos, estos encuentros fortalecen el sentido de comunidad y mantienen viva una tradición que honra tanto a quienes han construido la historia del rock local como a quienes continúan escribiéndola. Mientras existan espacios como este, el espíritu del rock seguirá resonando con fuerza en Saltillo y en el corazón de quienes encuentran en la música una forma de identidad, libertad y convivencia.


"El Señor es mi Pastor, el Blues mi religión. Hermanos el Blues sea con Ustedes" JBR

sábado, 30 de mayo de 2026

KISS: La Explosión de Energía que Encendió al Rock Mundial

 


Hablar de KISS es hablar de una de las bandas más espectaculares y emocionantes de la historia del rock. Sus canciones poseen una energía arrolladora y un ritmo contagioso que invita a cantar, saltar y disfrutar cada momento. A través de su música, KISS transmite un mensaje de entusiasmo, confianza y pasión por la vida. Sus conciertos no solo fueron presentaciones musicales, sino verdaderas celebraciones del rock que dejaron una huella imborrable en millones de seguidores alrededor del mundo.

La banda fue fundada en 1973 en la ciudad de Nueva York por Gene Simmons y Paul Stanley, quienes junto con Ace Frehley y Peter Criss dieron vida a un proyecto que revolucionó la industria musical. Desde sus primeros años, KISS destacó por su original maquillaje, personajes escénicos y espectáculos llenos de fuego, luces y efectos especiales. Esta combinación de talento musical y creatividad visual convirtió a la agrupación en un fenómeno internacional que rompió todos los esquemas de su época.

El sonido de KISS se caracteriza por la fuerza de sus guitarras, la energía de su batería y coros que permanecen en la memoria de quienes los escuchan. Canciones como "Rock and Roll All Nite" se transformaron en auténticos himnos de alegría y celebración. Su música inspira a disfrutar la vida con intensidad, a enfrentar los desafíos con determinación y a nunca renunciar a los sueños. Cada acorde transmite una sensación de libertad que ha conquistado a varias generaciones de aficionados al rock.

Entre sus mayores éxitos destacan "Rock and Roll All Nite", "Detroit Rock City", "Shout It Out Loud", "Love Gun", "Beth" e "I Was Made for Lovin' You". De igual manera, el álbum Destroyer es considerado una de las obras más importantes de la historia del hard rock, consolidando a KISS como una de las bandas más influyentes y exitosas del género. Sus discos han vendido millones de copias y continúan siendo escuchados por seguidores de todas las edades.

La gran enseñanza de KISS es que la pasión, la creatividad y la perseverancia pueden convertir un sueño en una realidad extraordinaria. Su legado demuestra que la música tiene el poder de unir personas, generar emociones positivas y crear recuerdos inolvidables. Más de cincuenta años después de su formación, KISS sigue siendo un símbolo de energía, espectáculo y amor por el rock, recordándonos que la vida también debe celebrarse con entusiasmo, música y alegría.

"Quien escucha a KISS descubre que el rock no solo se oye; también se vive, se siente y se celebra con toda la intensidad del corazón."

"El Señor es mi pastor, el blues mi religión. Hermanos el blues sea con ustedes" JBR

sábado, 23 de mayo de 2026

Rock de Fin de Semana en Saltill





El rock de fin de semana en el centro histórico de Saltillo se ha convertido en una expresión cultural y social que reúne a generaciones amantes de la buena música. Entre calles antiguas, cafés y bares tradicionales, el ambiente nocturno conserva una esencia de libertad y convivencia que ni las restricciones ni las críticas logran detener. Incluso en los alrededores de la Catedral de Santiago y la zona vinculada al legado del obispo Raúl Vera López, el rock sigue vivo como una manifestación auténtica de identidad urbana, donde la música une a jóvenes y adultos en noches llenas de energía y nostalgia.

Para quienes disfrutan del metal, una visita al ambiente underground de Saltillo representa una experiencia obligada. En distintos espacios alternativos de la ciudad se escucha metal de calidad, acompañado de guitarras intensas, baterías contundentes y un público fiel al género. El llamado “hoyo metalero” mantiene viva la esencia del rock pesado y demuestra que el metal continúa siendo un refugio musical para quienes buscan autenticidad, rebeldía y pasión por la música fuerte y bien ejecutada.

Otro punto importante del fin de semana rockero es el tradicional ambiente del pub estilo inglés. Lugares inspirados en la cultura británica ofrecen noches llenas de rock clásico, cerveza y convivencia entre amigos. Escuchar bandas legendarias mientras se disfruta una conversación tranquila crea una atmósfera especial que recuerda la influencia del rock inglés en varias generaciones. Canciones de Led Zeppelin, The Rolling Stones y Pink Floyd siguen marcando las noches de quienes encuentran en el rock una forma elegante y apasionada de disfrutar la vida.

El fin de semana también se complementa con la tradición de escuchar programas especializados en rock, donde voces conocedoras comparten selecciones musicales de gran calidad. Las recomendaciones de César Quezada y Adriana Peña permiten descubrir canciones clásicas y propuestas menos comerciales que enriquecen el gusto musical del público. Todo ello acompañado de una buena tabla de quesos y una copa de vino tinto, creando un ambiente perfecto para relajarse y disfrutar de conversaciones profundas al ritmo de grandes melodías.

Finalmente, la música continúa a través de la radio, donde estaciones como Energy 99 mantienen vivo el espíritu del rock y la buena música. Su programación acompaña recorridos nocturnos, reuniones y momentos de descanso, demostrando que el rock sigue siendo parte importante de la identidad cultural de Saltillo. Más que entretenimiento, el rock de fin de semana representa una forma de convivencia, libertad y pasión que permanece vigente en cada acorde y en cada noche de la ciudad.

sábado, 16 de mayo de 2026

Barry Manilow: nostalgia, sensibilidad y sabiduría en la música

 


Barry Manilow es uno de los intérpretes más representativos de la música romántica contemporánea. Nació el 17 de junio de 1943 en Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos. Desde joven mostró gran interés por la música y estudió composición y dirección musical, lo que le permitió desarrollar un estilo elegante y profundamente emotivo. Antes de alcanzar la fama internacional, trabajó como arreglista y compositor de jingles publicitarios, experiencia que fortaleció su capacidad melódica y creativa. Con el paso del tiempo se convirtió en una figura icónica de la música estadounidense gracias a su voz cálida y a la sensibilidad de sus composiciones.

El estilo musical de Barry Manilow se caracteriza por una mezcla entre balada romántica, pop suave y elementos de gospel. Sus canciones suelen estar acompañadas por arreglos orquestales y melodías que transmiten tranquilidad y emoción. Además, muchas de sus interpretaciones tienen un tono espiritual y esperanzador que recuerda la influencia del gospel y de la música tradicional norteamericana. Esta combinación permitió que sus temas conectaran con personas de distintas generaciones, especialmente con quienes valoran canciones que hablan del amor, la vida y los sentimientos humanos con sinceridad.

Uno de los aspectos más importantes de sus letras es la nostalgia y la sabiduría que transmiten. Barry Manilow canta sobre recuerdos, sueños, amores perdidos y la importancia de valorar los momentos sencillos de la vida. Sus canciones invitan a reflexionar sobre el paso del tiempo y la necesidad de conservar la sensibilidad humana en medio de un mundo acelerado. La profundidad emocional de sus letras ha permitido que muchas personas encuentren consuelo y compañía en su música, convirtiéndolo en un artista cercano al corazón de su público.

La enseñanza principal que deja Barry Manilow es que la música puede ser un puente de unión emocional entre las personas. Su trayectoria demuestra que el talento acompañado de disciplina, humildad y perseverancia puede trascender generaciones. También enseña que las emociones no deben ocultarse, sino expresarse con autenticidad. A través de sus canciones, promueve valores como el amor, la empatía, la memoria afectiva y la importancia de mantener viva la esperanza aun en tiempos difíciles.

Entre sus canciones más emblemáticas destacan Mandy, considerada una de las baladas más famosas de la década de los setenta; Copacabana, reconocida por su ritmo alegre y narrativa musical; Can’t Smile Without You, símbolo del amor y la dependencia emocional positiva; y I Write the Songs, tema que refleja el poder universal de la música. Estas canciones consolidaron su legado artístico y continúan siendo escuchadas alrededor del mundo por quienes disfrutan de la balada clásica y romántica.

La música de Barry Manilow demuestra que las canciones pueden convertirse en recuerdos vivos del alma humana, capaces de acompañar a las personas en momentos de amor, nostalgia y esperanza.

"El Señor es mi pastor, El blues mi religión....... Hermanos el blues sea con ustedes" JBR 

domingo, 10 de mayo de 2026

“Blue Moon: el Amor y la Humildad Bajo la Luz de la Esperanza”

 

 

La canción Blue Moon, inmortalizada por Frank Sinatra, es una de las baladas más profundas y elegantes del siglo XX. Aunque fue escrita por Richard Rodgers y Lorenz Hart en 1934, la interpretación de Sinatra le dio una dimensión emocional única, convirtiéndola en un himno al amor sincero y a la esperanza que nace en medio de la soledad.

La esencia de la canción habla de una persona que se encuentra sola, sin sueños y sin amor, hasta que aparece alguien capaz de transformar su vida. La luna azul simboliza ese momento extraordinario y casi milagroso en el que el destino cambia el rumbo del corazón. La letra transmite la idea de que el amor verdadero no llega desde la arrogancia ni desde el orgullo, sino desde la humildad emocional de reconocer la propia tristeza y la necesidad de compañía. En “Blue Moon”, el amor aparece como una luz que rescata al ser humano de la oscuridad interior.

La interpretación de Frank Sinatra aporta una sensibilidad especial. Su voz serena y elegante convierte cada frase en una confesión íntima. Sinatra no canta con soberbia, sino con vulnerabilidad; por ello, la canción refleja humildad, porque muestra a un hombre que acepta su soledad y agradece profundamente la llegada del amor. Esa honestidad emocional es precisamente lo que hace eterna a la obra.

Además, “Blue Moon” recuerda que el amor auténtico transforma sin necesidad de grandes discursos. Basta una presencia sincera para devolverle sentido a la vida. La canción enseña que incluso en los momentos más vacíos siempre puede aparecer una esperanza inesperada. Esa visión romántica y humana sigue tocando generaciones porque habla de sentimientos universales: la soledad, el anhelo y la felicidad de sentirse amado.

En cuanto a sus autores, Lorenz Hart nació el 2 de mayo de 1895 en Nueva York, Estados Unidos, y fue uno de los letristas más importantes de la música estadounidense. Richard Rodgers nació el 28 de junio de 1902 también en Nueva York y destacó como uno de los grandes compositores de Broadway. Por su parte, Frank Sinatra nació el 12 de diciembre de 1915 en Hoboken, Nueva Jersey, y se convirtió en una de las voces más emblemáticas de la música romántica mundial. 

"El Señor es mi Pastor, el blues mi religión. Hermanos el blues sea con ustedes" JBR



sábado, 25 de abril de 2026

Supertramp: rock para disfrutar con un whisky en las roca

 

 


Supertramp es el tipo de banda que se disfruta mejor en un ambiente relajado, quizá por la noche, con un whisky en las rocas en la mano y la mente abierta a nuevas sensaciones musicales. Su sonido envolvente y sus letras profundas invitan a desconectarse del ruido cotidiano y sumergirse en un viaje sonoro único, ideal para quienes buscan buen rock con un toque sofisticado y reflexivo.

Supertramp fue una de las bandas más influyentes del rock progresivo y pop rock de las décadas de 1970 y 1980. Su estilo único combinó elementos de rock progresivo, melodías accesibles y letras profundas, lo que les permitió alcanzar un gran reconocimiento internacional.

El grupo se formó en Londres, Inglaterra, en 1969. Su origen está ligado al millonario neerlandés Stanley August Miesegaes, quien decidió financiar el proyecto musical de Rick Davies, uno de los fundadores. A partir de ahí, Davies reunió a otros músicos para dar vida a la banda. Entre los integrantes más destacados se encuentran Rick Davies (teclados y voz), Roger Hodgson (guitarra, teclados y voz), John Helliwell (saxofón), Dougie Thomson (bajo) y Bob Siebenberg (batería). La combinación de las voces de Davies y Hodgson fue una de las características más distintivas del grupo.

En cuanto a su música, Supertramp desarrolló un sonido muy particular. Mezclaban el rock progresivo con el pop, incorporando instrumentos poco comunes en el rock como el saxofón y el clarinete. Sus canciones suelen tener estructuras elaboradas, pero al mismo tiempo melodías pegajosas. Las letras abordan temas como la sociedad, la identidad, los sueños y la vida cotidiana, muchas veces con un toque crítico o reflexivo.

El mayor éxito de la banda llegó con álbumes como Crime of the Century (1974), Even in the Quietest Moments (1977) y especialmente Breakfast in America (1979), que incluye canciones icónicas como “The Logical Song”, “Goodbye Stranger” y “Take the Long Way Home”. Este último álbum consolidó su fama mundial.

En resumen, Supertramp es una banda fundamental en la historia del rock por su capacidad de innovar y crear un estilo propio. Su música sigue siendo influyente y escuchada en la actualidad, demostrando la calidad y vigencia de su propuesta artística.

 "El Señor es mi Pastor, el Blues y el Rock mi religión,.....Hermanos el Blues y el Rock sea con Ustedes"JBR

 


domingo, 19 de abril de 2026

La tía Gloria: memoria, fortaleza y legado

 

 

La tía Gloria: memoria, fortaleza y legado

Originaria de Monclova, del barrio de Pedro Aranda, la tía Gloria creció en un entorno donde la cercanía entre vecinos y el sentido de comunidad marcaban la vida diaria. Aquellas calles fueron testigo de sus primeros pasos, de su formación en valores y de una identidad forjada entre la sencillez, el esfuerzo y la calidez humana que siempre la caracterizó.

Contrajo matrimonio con el ingeniero César Villegas Rico, con quien formó una familia sólida y llena de vida. De esa unión nacieron sus hijos: César, María del Pilar Teresa, Gloria María, Liliana, Alejandra y David César, quienes fueron reflejo del amor, la dedicación y los principios que ella sembró en cada uno de ellos.

Fue un pilar y cimiento de vida, una mujer de valores firmes que, aun en medio de las tempestades, supo mantenerse de pie. En los tiempos buenos y en los difíciles, sacó adelante a su familia con fortaleza, sabiduría y una fe inquebrantable. Su ejemplo enseñó que la verdadera grandeza está en la perseverancia y en el amor cotidiano.

Como hermana, cuñada y prima fue excepcional. Siempre procuró mantener relaciones sólidas, uniendo a la familia con afecto sincero y constante. Por ello fue profundamente querida por sus sobrinos, quienes encontraron en ella no solo cariño, sino también guía, escucha y comprensión.

Hace unos días partió a la casa del Señor; sin embargo, desde el cielo nos cuida. Así es el blues de la vida: a veces se escribe con notas de tristeza, pero muchas otras se transforma en un blues alegre, porque el recuerdo de la tía Gloria sigue vivo, iluminando con su amor y su legado a quienes tuvimos la dicha de conocerla.

" El Señor es mi Pastor, el Blues mi religión. Hermanos el BLues sea Con Ustedes" JBR


sábado, 11 de abril de 2026

“Cuando el rock habló español: la segunda época del rock nacional”

 

 

 A la Memoria del Carlos "Nono Hendriz" Zaldivar

El fenómeno del rock nacional en su segunda época, conocido popularmente como “rock en tu idioma”, representa uno de los momentos más significativos en la historia de la música en español. Este movimiento no puede entenderse sin su antecedente inmediato: el impacto del Festival de Avándaro, considerado la primera gran etapa del rock mexicano, donde por primera vez se congregó una juventud que encontró en el rock una forma de identidad y expresión colectiva. Más que una simple evolución sonora, fue una transformación cultural que permitió a toda una generación reconocerse en su propio lenguaje, sus conflictos y su identidad.

Tras una primera etapa del rock en América Latina marcada por imitaciones del rock anglosajón —donde predominaban versiones en español de éxitos de bandas como The Beatles o The Rolling Stones—, surgió una necesidad de autenticidad. Esta segunda época, que se consolida en la década de los 80, rompe con esa dependencia y apuesta por una voz propia, tanto lírica como musical.

El impulso definitivo vino en gran medida de la industria discográfica, especialmente de la iniciativa llamada “Rock en tu idioma”, promovida por la disquera BMG Ariola. Este proyecto no solo buscaba comercializar el rock en español, sino también posicionarlo como una alternativa legítima frente al dominio del pop internacional en inglés. Así, bandas emergentes encontraron espacios de difusión que antes les eran negados.

En México, este movimiento dio origen a una explosión de propuestas que mezclaban crítica social, poesía urbana y sonidos que iban desde el punk hasta el new wave. Grupos como Sombrero Verde, Caifanes, Maldita Vecindad, El Tri, KGB, Charly Montona entre otros, se convirtieron en portavoces de una juventud que vivía entre crisis económicas, transformaciones políticas y una búsqueda constante de identidad. Sus letras hablaban de la calle, de la marginalidad, del amor y del desencanto, conectando de manera directa con el público.

Paralelamente, en otros países de Latinoamérica se consolidaban propuestas igualmente influyentes. En Argentina, bandas como Soda Stereo y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota aportaron una estética sofisticada y letras cargadas de simbolismo. En España, grupos como Hombres G y Radio Futura también formaron parte esencial de este movimiento, fortaleciendo el intercambio cultural entre ambos lados del Atlántico.

El “rock en tu idioma” no solo significó cantar en español, sino pensar en español. Fue un acto de resistencia cultural frente a la hegemonía anglosajona, pero también una forma de democratizar el acceso al rock, haciéndolo más cercano y comprensible para amplios sectores de la población. La radio, la televisión y los conciertos masivos jugaron un papel fundamental en su expansión, convirtiendo a estas bandas en íconos generacionales.

Sin embargo, esta segunda época también enfrentó críticas. Algunos sectores acusaban al movimiento de haber sido excesivamente comercial y de haber diluido la esencia contracultural del rock. A pesar de ello, es innegable que logró abrir puertas para futuras generaciones de músicos, sentando las bases de la diversidad sonora que hoy caracteriza al rock en español.

En conclusión, la segunda etapa del rock nacional, encarnada en el movimiento “rock en tu idioma”, fue mucho más que una tendencia musical: fue una revolución cultural. Permitió que el rock dejara de ser un reflejo extranjero para convertirse en un espejo propio, donde millones de jóvenes pudieron verse, escucharse y, sobre todo, entenderse. Su legado persiste hasta hoy, recordándonos que el idioma no es una barrera, sino una herramienta poderosa para crear identidad y transformar la realidad

"El Señor es mi Pastor, el Blues y el Rock mi religión,.....Hermanos el Blues y el Rock sea con Ustedes"JBR