sábado, 24 de enero de 2026

"He Buscado por Todo el Mundo" El Legado

 Andanzas de un Rockero y Blusero

 

"He buscado por todo el mundo”

La canción “He buscado por todo el mundo” de Carlos Arnoldo Zaldivar Herrera, alias del "Nono Hendrix", es una composición de pieza musical que encierra un canto profundo al anhelo humano de encontrarse a sí mismo. Desde el primer verso se percibe una voz cansada, pero honesta, que no se conforma con lo superficial. No es solo la historia de alguien que viaja o busca respuestas afuera, sino la confesión de un alma que ha recorrido caminos emocionales, espirituales y existenciales. La canción toca una fibra sensible porque habla de una experiencia universal: esa sensación de vacío que empuja a seguir buscando, aun cuando no sabemos exactamente qué es lo que falta.

La fuerza emotiva de la canción radica en su sinceridad. No hay poses ni promesas falsas; hay vulnerabilidad. El narrador admite haber buscado “por todo el mundo”, lo que sugiere intentos, errores, decepciones y aprendizajes. Cada búsqueda fallida no se presenta como derrota, sino como parte del proceso de crecer. En ese recorrido, la canción se convierte en un refugio para quienes han sentido que no encajan del todo, para quienes han amado, perdido y vuelto a empezar con el corazón marcado, pero aún dispuesto a seguir adelante.

Otro elemento clave es el mensaje implícito de resistencia interior. A pesar del cansancio que se siente en la letra, no hay rendición. La canción transmite que el verdadero valor está en no dejar de buscar, incluso cuando el mundo parece indiferente o cuando otros no comprenden el camino elegido. Este mensaje resulta profundamente humano: crecer implica atravesar la duda, soportar la soledad y aprender a escucharse a uno mismo por encima del ruido externo. En ese sentido, la canción no solo acompaña, también abraza.

El mayor legado que deja “He buscado por todo el mundo” es, sin duda, el crecimiento personal. La canción sugiere que la búsqueda no siempre conduce a un destino claro, pero sí transforma a quien la emprende. Cada paso dado, cada intento fallido y cada desilusión aportan conciencia, madurez y fortaleza interior. El aprendizaje no está en encontrar una respuesta definitiva, sino en convertirse en una mejor versión de uno mismo a través del camino recorrido.

Finalmente, esta canción del Sensei Zaldivar Herrera, invita a mirar hacia dentro con valentía. Nos recuerda que, aunque recorramos el mundo entero, las respuestas más importantes suelen habitar en nuestro interior. Su legado permanece como un recordatorio de que crecer duele, pero también libera; que buscar es un acto de amor propio; y que, al final, encontrarse a uno mismo es el viaje más significativo que una persona puede emprender.

 "El Señor es mi Pastor. el Blues mi religión..... el Blues sea con ustedes Hermano! JBR

 


 


martes, 20 de enero de 2026

Carlos Arnoldo Zaldívar Herrera: Rock, Fe y Camino

“Porque bienaventurados los que hacen la paz, aun cuando caminan con guitarras y cicatrices; hoy Carlos descansa, pero su rock sigue sonando como salmo eléctrico en el corazón del mundo.”
(Mateo 5:9, espíritu del rock) 

 

La vida de Carlos Arnoldo Zaldívar Herrera, nacido en Jalisco, fue un cruce auténtico entre la música, la búsqueda interior y el compromiso con su tiempo. Rockero de convicción, formó parte del grupo El Epílogo, junto a Jacobo Arancho y El Popo, dejando huella en una etapa significativa del rock nacional. Su participación en el histórico concierto de Rock y Ruedas confirmó que su música no solo sonaba, sino que rodaba con sentido de comunidad, rebeldía consciente y libertad creativa.

Más allá de los escenarios, Carlos emprendió un camino profundo de servicio espiritual. Como parte de las misiones de la familia cristiana, su andar lo llevó por Oriente, recorriendo países como Japón, Filipinas, Singapur, entre otros. En esos territorios distintos en lengua y cultura, vivió una fe puesta en práctica, entendiendo la evangelización no como imposición, sino como presencia, escucha y testimonio. Ahí, el rock tomó otra forma: la del silencio valiente y la del compromiso cotidiano.

Su legado artístico y humano quedó marcado de manera especial con la canción “He buscado por todo el mundo”, una pieza que resume su espíritu errante y su permanente anhelo de sentido. En esa letra y melodía se entrelazan la duda, la esperanza y la fe, como si cada acorde fuera una pregunta lanzada al cielo y cada verso una respuesta encontrada en el camino. Esa canción permanece como un faro para quienes siguen buscando sin rendirse.

En la escena nacional, Carlos fue ejemplo de una dualidad poco común: la del músico que nunca negó su fe y la del creyente que nunca renunció al rock. Demostró que la espiritualidad puede convivir con la distorsión y que la música puede ser también un acto de reconciliación interior. Su vida habló más fuerte que cualquier discurso.

El día de ayer, Carlos Arnoldo Zaldívar Herrera partió a mejor vida, dejando un legado que trasciende generaciones. Su ausencia pesa, pero su historia sigue viva en las canciones, en las personas que tocó y en los caminos que ayudó a abrir. Hoy, su nombre queda grabado en la memoria del rock mexicano y en el corazón de quienes saben que la fe también puede caminar con guitarra al hombro.

Descanse en Paz Senzei

"El  Señor es mi Pastor, el blues mi religión...... Hermanos el Blues sea con ustedes"


sábado, 17 de enero de 2026

Energy 99: Música para Oídos Rebeldes y Finos

 

Energy 99 ¡Escúchanos en vivo! 

En el vasto universo digital, donde las plataformas de audio se multiplican y muchas propuestas se diluyen en la repetición, surge Energy 99 como una estación de internet que apuesta por una identidad propia: rock bien curado, fresco y con actitud. Esta nueva propuesta no solo destaca por su selección musical, sino por estar encabezada por Adrián Peña, uno de los mejores locutores de México, reconocido por su voz, criterio y trayectoria como precursor del buen rock nacional. Energy 99 no es nostalgia vacía; es rock con estilo, con ese toque “fresón” que combina elegancia sonora y rebeldía inteligente.

La llegada de César Quezada, rockero de cepa originario de Saltillo, amplía el horizonte musical de la estación y consolida su carácter plural. Con una colección sólida de rock de actualidad, Quezada aporta una visión auténtica y arraigada, pensada para quienes viven el rock no como moda, sino como identidad. Su participación en Energy 99 abre la posibilidad de escuchar un rock fino, cuidadosamente seleccionado, dirigido a un rockero con memoria, carácter y apertura a nuevas propuestas sonoras.

Esta propuesta se fortalece aún más con el programa “MÚSICA PARA OÍDOS REBELDES Y FINOS”, un espacio que honra el espíritu contestatario del rock sin caer en clichés. El programa se convierte en un punto de encuentro para sonidos que incomodan, cuestionan y resisten, reafirmando que el rock sigue siendo una herramienta viva de expresión crítica. En Energy 99, la rebeldía no es ruido sin sentido: es postura, estética y convicción sonora.

Como lo define el Pequeño Saltamontes, “MÚSICA PARA OÍDOS REBELDES Y FINOS” es la máxima expresión de una selección de rock pensada para quienes escuchan con criterio y pasión. No se trata solo de poner canciones, sino de construir una narrativa sonora donde cada riff, cada letra y cada silencio tienen un propósito. Es un espacio donde el rock se presenta en su forma más honesta: refinado sin perder filo, rebelde sin perder elegancia.

Conclusión: un sábado para escuchar con actitud.

En un sábado rockero, Energy 99 y MÚSICA PARA OÍDOS REBELDES Y FINOS se convierten en la banda sonora ideal para quienes entienden el rock como cultura, resistencia y placer auditivo. Es una invitación a subir el volumen, afinar el oído y reconectar con un género que sigue diciendo verdades incómodas con clase y carácter. Porque el buen rock no solo se escucha: se siente, se piensa y se vive

"El Señor es mi Pastor, el Blues mi religion..... Hermanos el blues sea con Ustedes" JBR


martes, 30 de diciembre de 2025

Librería Gandhi: andar de sabueso entre libros




 

EL sabueso entre libros.

Entrar a la Librería Gandhi del centro comercial La Esfera no fue una simple visita en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, fue un acto de olfato lector. Caminé como sabueso curioso, siguiendo el rastro invisible de los libros, dejándome llevar por el aroma del papel y la promesa de historias. Ahí dentro el tiempo se desacelera; la prisa se queda afuera y uno vuelve a caminar despacio, como quien sabe que va a encontrar algo, aunque no sepa exactamente qué.

Gandhi tiene historia, y se siente. No es solo una librería: es un espacio que desde sus orígenes apostó por el pensamiento libre, la lectura como acto cotidiano y la cultura como forma de resistencia pacífica. Sus frases provocadoras y su identidad irreverente han logrado algo poco común: que leer no parezca solemne, sino necesario, cercano y profundamente humano.

Recorrer sus anaqueles es iniciar un diálogo interior. Entre novelas, ensayos y crónicas aparecen también libros de cultura del rock y del blues, biografías de músicos, historias de acordes, rebeldías y silencios. Elegir un libro ahí no es una compra impulsiva, es una conversación con uno mismo, como encontrar un disco que suena distinto justo cuando más lo necesitas.

Uno de los grandes aciertos de Gandhi es su sala de lectura. Ese espacio que invita a hojear sin compromiso, a leer sin culpa, a sentarse un momento y dejar que el libro hable primero. Todo acompañado por la Radio Gandhi, donde suena un blues suave y fino, un jazz de café mediador y un rock pop variado que no distrae, sino que acompaña. La música no compite con la lectura, la abraza.

Al final, Gandhi no se queda en la tienda. El libro elegido viaja contigo y encuentra su lugar en ese rincón personal de casa: una silla, una mesa, una lámpara, un silencio propio. Ahí, la librería se transforma en hogar portátil y confirma algo esencial: leer sigue siendo una de las formas más íntimas y libres de habitar el mundo.

 " El Señor es mi Pastor, el Blues mi religión,  Hermanos..... el Blues sea con ustedes" JBR



 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Ser Rockero




Ser rockero no es solo una estética ni una pose desafiante ante el mundo; es una forma de estar en la vida. La rebeldía que caracteriza al rock nace como una respuesta consciente frente a la injusticia, la hipocresía y la imposición de modelos únicos de pensamiento. Por eso, el rockero no se rebela por capricho, sino por convicción. Su inconformidad es una manera de afirmar la libertad individual y la dignidad humana, no de negarlas en los demás.

Contrario a los prejuicios sociales, entre los rockeros existe un profundo respeto por sus semejantes. En conciertos, reuniones o simples charlas de banqueta, el rock ha sido históricamente un espacio de encuentro donde caben las diferencias. La diversidad de ideas, creencias y orígenes no divide: enriquece. El respeto se expresa en la lealtad, en la palabra cumplida y en la solidaridad silenciosa que muchas veces no se ve, pero se siente. La hermandad rockera entiende que nadie es más que nadie, porque todos cargan su propia historia y sus propias batallas.

Ser rockero tampoco equivale a ser un resentido social. La crítica que surge del rock no nace del odio, sino de la conciencia. Señalar lo que duele no significa desear la destrucción, sino anhelar el cambio. El rockero cuestiona porque piensa, protesta porque siente y alza la voz porque se niega a ser indiferente. Hay una diferencia profunda entre el resentimiento y la inconformidad creativa: el primero paraliza, el segundo transforma.

En el fondo, el rock es una ética antes que un género musical. Enseña a respetar sin someterse, a disentir sin deshumanizar y a caminar con firmeza sin pisotear a otros. Por ser rockero, se aprende que la verdadera rebeldía no está en destruir al prójimo, sino en construir identidad, comunidad y sentido, aun en un mundo que muchas veces no entiende el ruido de una guitarra, pero sí puede sentir la honestidad de quien la hace sonar. 

 Finalmente, es importante señalar que un verdadero rockero no necesita descalificar para afirmarse. El simulador del rock es aquel que, detrás de una pose rígida y excluyente, es incapaz de aceptar otras expresiones musicales y otras formas de pensamiento transformativo. Quien niega la diversidad traiciona el espíritu mismo del rock, que nació para romper moldes y ampliar horizontes, no para crear nuevos dogmas. El rock auténtico dialoga, escucha y evoluciona; entiende que la libertad que se exige para uno mismo debe también concederse a los demás. Solo así la rebeldía conserva su sentido y deja de ser una simple caricatura.

"El Señor es mi Pastor, Blues mi religión, Hermanos..... El blues sea con ustedes" JBR 

 



sábado, 27 de diciembre de 2025

ACORDES DE PAZ. FELIZ AÑO 2026


 




 El año termina como una canción que baja el volumen poco a poco, dejando ecos de nostalgia en el aire. El rock y el blues acompañan este cierre con melodías que miran hacia atrás sin miedo, recordándonos noches largas, caminos recorridos y emociones que solo la música sabe ordenar. Hay algo en el fin de año que suena a acorde menor: una mezcla de gratitud y melancolía que invita a detenerse y escuchar lo vivido.

Al hacer balance, aparecen lo bueno y lo malo como caras inseparables del mismo disco. Hubo días luminosos y otros que pesaron más de la cuenta, pero todos dejaron marca. Como cantaba Mecano, “no hay marcha en Nueva York” sin despedidas ni cambios, y entender eso ayuda a aceptar que cada final trae consigo una lección. Lo vivido no se borra: se transforma en experiencia, en memoria y en canción.

Entre errores y aciertos, también quedan abiertas las áreas de oportunidad para crecer. Cada tropiezo señala un camino nuevo, cada silencio invita a aprender a escucharse mejor. El rock siempre habló de caídas y levantadas, y el blues enseñó que del dolor puede nacer algo honesto. Crecer no es olvidar lo que dolió, sino usarlo como impulso para avanzar con más claridad.

En ese proceso, el rock y el blues se convierten en música de renovación. Sus acordes no solo recuerdan lo que fue, sino que empujan hacia lo que puede ser. Hay renovación cuando una guitarra vuelve a sonar, cuando una voz se anima otra vez a cantar. El nuevo año se anuncia como un escenario en blanco, listo para ser llenado con riffs, versos y nuevas intenciones.

Porque al final, el rock y el blues también son felicidad: la alegría simple de sentirse vivo, acompañado y en sintonía. Son celebración compartida, brindis sincero y esperanza amplificada. Que el 2026 llegue con más música, más unión y más motivos para sonreír. Feliz año nuevo, que siga sonando la vida al ritmo del rock y el blues.

"El Seños es mi Pasttor, el blues ni religión..... Hermanos el Bpues sea con Ustedes" JBR



 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Navidad Rockera: Noche de Luz, Rebeldía y Esperanza




 

 La Navidad rockera no niega el nacimiento de la esperanza; la amplifica con guitarras eléctricas, silencios cargados de verdad y una actitud que se rehúsa a la hipocresía. Es una Navidad sin barniz, donde la fe no se susurra: se canta con voz rasgada, se vive con convicción y se defiende con coherencia. Aquí, el espíritu navideño no se mide por adornos perfectos, sino por la honestidad de mirar de frente nuestras sombras y decidir cambiar.

En esta noche, el pesebre no está hecho de porcelana: es madera gastada, amplificadores viejos y una mesa donde caben historias rotas que buscan redención. El rock —lenguaje de inconformidad— se convierte en plegaria cuando recuerda que la verdadera rebeldía es amar en un mundo que empuja al odio. La Navidad rockera no adormece conciencias; despierta. Nos recuerda que nacer de nuevo implica romper cadenas, cuestionar lo injusto y reconciliarnos con lo esencial.

Cristo, en esta escena, no es una figura distante: es el frontman del diálogo, el mediador que sube al escenario del corazón humano para pedir silencio y escucha. Su mensaje no compite con el ruido; lo atraviesa. Nos invita a bajar el volumen del ego y subir el de la compasión. La paz que propone no es tibia: es valiente, incómoda, transformadora. Es la paz que se gana cuando se elige el perdón como acto radical.

La Navidad rockera celebra la mesa compartida sin máscaras, el brindis que reconoce errores y la promesa de hacerlo mejor mañana. Es una noche para agradecer lo vivido, honrar las cicatrices y encender una luz que no parpadea ante la adversidad. Entre riffs y silencios, entendemos que el milagro no está en la perfección, sino en la decisión diaria de vivir con verdad.

Porque cuando la fe se toca con distorsión y la esperanza marca el ritmo, la Navidad no solo se recuerda: se vive. Y en ese compás, el rock se vuelve camino, la noche se vuelve clara y el corazón aprende a latir en paz


"El Señor es mi  Pastor, el Blues mi religion, Hreamnso el VLues sea con ustedes" JB

Felicies Fiesta!!!