Hoy, en el Templo del Ranchito de Rey y María Madre, el tiempo se volvió frágil. La misa de cenizas y despedida de Carlos Zaldívar Herrera no fue un adiós común: fue un acto sagrado donde el cielo y la tierra parecieron tocarse. El incienso subía lento, como si también dudara en irse, y entre oraciones y silencios se entendió algo que no necesita explicación: hay vidas que no caben en una despedida.
Desde la humildad del presbítero se nombró a Carlos Arnoldo Zaldívar Herrera, “El Hendrix Mexicano”, y al escucharlo, el templo entero supo que no se hablaba solo de un músico. Se hablaba de un alma grande. De un artista cuya música nació del pensamiento profundo, iluminado por la sabiduría del rey Salomón, y de un corazón que eligió cantar paz en un mundo que muchas veces elige el ruido. Carlos no tocaba para deslumbrar; tocaba para sanar.
Fue misionero del espíritu, peregrino de la fe y la música. Acompañado por su guitarra, llevó un canto de paz inspirado en las enseñanzas de un Cristo que no condena, sino que abraza. En Sudamérica, en el Oriente y en México sembró la semilla de la paz como quien confía en que, aunque no vea el fruto, Dios se encargará del crecimiento. Su apostolado no fue de palabras, fue de presencia, de coherencia y de amor silencioso.
Carlos Zaldívar fue un filósofo del rock porque el Señor le concedió el don de pensar con profundidad y vivir con sencillez. Su camino hacia la paz fue la oración, y esa paz la compartía sin esfuerzo, casi sin darse cuenta, en cada conversación, en cada consejo, en cada gesto con sus amigos. Enseñó que creer no es huir del mundo, sino transformarlo con ternura y verdad.
Y entonces la frase cobra cuerpo, alma y eternidad:
“Polvo que piensa, no vuelve al polvo.”
Porque Carlos pensó, amó y creyó. Porque su música sigue viva, porque su fe sigue sembrando, porque su ejemplo sigue caminando con nosotros. Hoy su cuerpo descansa, pero su espíritu canta. Y mientras alguien recuerde su mensaje de paz, Carlos Zaldívar no habrá muerto… habrá trascendido.
“Carlos no se fue: se volvió música eterna, oración viva y semilla de paz… y quien haya aprendido a amar como él, jamás volverá a ser el mismo.”
"El SEÑOR ES MI PASTOR, EL BLUES MI RELIGION......HERMANOS EL BLUES SEA CON USTEDES " JBR
Alberto Villegas Cabello
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