Desde los pasillos del bachillerato del Colegio México conocí a Jorge Blanco. Eran años en los que el rock marcaba nuestra forma de ver la vida. Mis preferencias se inclinaban hacia el rock-pop con bandas como The Police, Foreigner, REO Speedwagon y Styx. Jorge, en cambio, encontraba su identidad en el rock más pesado, escuchando a Led Zeppelin, Black Sabbath y otras agrupaciones que con el tiempo se convertirían en leyendas. Aunque nuestros gustos eran distintos, ambos compartíamos la misma pasión: el rock como una forma de vivir.
Entre todas las bandas que Jorge mencionaba con entusiasmo, siempre destacaba Led Zeppelin. Con el paso del tiempo comprendí que esa admiración nacía, en buena medida, por la profunda influencia del blues que caracteriza especialmente a los primeros cuatro discos de la agrupación. Aquellos álbumes estaban impregnados del blues británico que retomó las raíces afroamericanas para llevarlas a una nueva dimensión. Esa pasión fue creciendo hasta convertir a Jorge en el conductor de un espacio innovador: "Blues, Solo Blues", dentro del programa Sábado Internacional de la legendaria XEKS, desde donde compartía con conocimiento y entrega la riqueza de este género musical.
Los años transcurrieron y fue en abril de 2011 cuando nuestros caminos volvieron a cruzarse, esta vez en los fértiles senderos del blues. Jorge Blanco no sólo hablaba de este género: lo predicaba con la convicción de quien comparte una fe. Siempre he dicho, en sentido figurado, que parecía haber sido nombrado por el propio Pedro como sucesor para difundir el evangelio del blues. Cada sábado acudía puntualmente a escuchar "Blues, Solo Blues", donde descubrí que el blues no consistía únicamente en conocer intérpretes o estilos, sino en comprender una auténtica filosofía espiritual. Jorge enseñaba que el blues era una manera de entender la vida, de convertir el dolor en esperanza y las dificultades en arte.
Gracias a aquellas transmisiones pude descubrir a los grandes maestros del género: Buddy Guy, B.B. King, Stevie Ray Vaughan, Eric Clapton, Lance López y Joe Bonamassa, entre muchos otros. También aprendí a identificar los diferentes estilos del blues, desde el sonido clásico y primitivo de Robert Johnson hasta el blues intenso, eléctrico y poderoso de Buddy Guy, entendiendo cómo el género evolucionó sin perder nunca su esencia.
Asistir semana tras semana a ese programa fue como tomar una clase magistral de música. Poco a poco fui educando el oído para distinguir la calidad, la autenticidad y el sentimiento que caracterizan al buen blues. Esa sensibilidad musical también me permitió comprender mejor el rock y apreciar con mayor profundidad el jazz. Jorge Blanco no sólo compartía canciones; formaba escuchas capaces de descubrir el alma que existe detrás de cada nota.
Cuando Jorge Blanco se retira de la XEKS y con ello sale del aire Blues, Solo Blues, concluye una etapa invaluable para la radio y para quienes encontramos en ese espacio una auténtica escuela musical. Su ausencia deja un vacío difícil de llenar, porque Jorge no era simplemente un locutor; era un investigador incansable, un apasionado que siempre estaba actualizado en ese rincón del blues que construyó durante tantos años. Su programa fue mucho más que una selección de canciones: fue una cátedra donde aprendimos a escuchar, comprender y sentir el blues como una filosofía de vida. En cada emisión compartía datos históricos, anécdotas y recomendaciones que nos llevaban a descubrir nuevos artistas y a redescubrir a los grandes maestros del género. Quienes tuvimos el privilegio de acompañarlo cada sábado sabemos que su legado permanecerá vivo en nuestra memoria y en nuestros oídos. Jorge Blanco deja los micrófonos de la XEKS, pero jamás dejará de ser uno de los grandes promotores y evangelizadores del blues en nuestra región. Su voz se despide del aire, pero su enseñanza seguirá sonando en cada acorde de blues que escuchemos.
Más que un conductor de radio, Jorge Blanco fue un maestro que enseñó a varias generaciones que el blues no sólo se escucha: se estudia, se comprende y, sobre todo, se vive. Quienes tuvimos la fortuna de ser sus radioescuchas podemos afirmar que cada sábado no sólo aprendíamos de música, sino también de la historia, la cultura y el sentimiento que dieron origen al blues. Por ello, su legado trasciende los micrófonos de la XEKS y permanece vivo en cada persona que, gracias a él, descubrió que detrás de un buen solo de guitarra siempre hay una historia que conta
" El Señor es mi Pastor. El Blues mi religión.... Hermanos el Blues sea con ustedes" JBR

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