“Porque bienaventurados los que hacen la paz, aun cuando caminan con guitarras y cicatrices; hoy Carlos descansa, pero su rock sigue sonando como salmo eléctrico en el corazón del mundo.”
(Mateo 5:9, espíritu del rock)
La vida de Carlos Arnoldo Zaldívar Herrera, nacido en Jalisco, fue un cruce auténtico entre la música, la búsqueda interior y el compromiso con su tiempo. Rockero de convicción, formó parte del grupo El Epílogo, junto a Jacobo Arancho y El Popo, dejando huella en una etapa significativa del rock nacional. Su participación en el histórico concierto de Rock y Ruedas confirmó que su música no solo sonaba, sino que rodaba con sentido de comunidad, rebeldía consciente y libertad creativa.
Más allá de los escenarios, Carlos emprendió un camino profundo de servicio espiritual. Como parte de las misiones de la familia cristiana, su andar lo llevó por Oriente, recorriendo países como Japón, Filipinas, Singapur, entre otros. En esos territorios distintos en lengua y cultura, vivió una fe puesta en práctica, entendiendo la evangelización no como imposición, sino como presencia, escucha y testimonio. Ahí, el rock tomó otra forma: la del silencio valiente y la del compromiso cotidiano.
Su legado artístico y humano quedó marcado de manera especial con la canción “He buscado por todo el mundo”, una pieza que resume su espíritu errante y su permanente anhelo de sentido. En esa letra y melodía se entrelazan la duda, la esperanza y la fe, como si cada acorde fuera una pregunta lanzada al cielo y cada verso una respuesta encontrada en el camino. Esa canción permanece como un faro para quienes siguen buscando sin rendirse.
En la escena nacional, Carlos fue ejemplo de una dualidad poco común: la del músico que nunca negó su fe y la del creyente que nunca renunció al rock. Demostró que la espiritualidad puede convivir con la distorsión y que la música puede ser también un acto de reconciliación interior. Su vida habló más fuerte que cualquier discurso.
El día de ayer, Carlos Arnoldo Zaldívar Herrera partió a mejor vida, dejando un legado que trasciende generaciones. Su ausencia pesa, pero su historia sigue viva en las canciones, en las personas que tocó y en los caminos que ayudó a abrir. Hoy, su nombre queda grabado en la memoria del rock mexicano y en el corazón de quienes saben que la fe también puede caminar con guitarra al hombro.
Descanse en Paz Senzei
"El Señor es mi Pastor, el blues mi religión...... Hermanos el Blues sea con ustedes"
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