Ser rockero no es solo una estética ni una pose desafiante ante el mundo; es una forma de estar en la vida. La rebeldía que caracteriza al rock nace como una respuesta consciente frente a la injusticia, la hipocresía y la imposición de modelos únicos de pensamiento. Por eso, el rockero no se rebela por capricho, sino por convicción. Su inconformidad es una manera de afirmar la libertad individual y la dignidad humana, no de negarlas en los demás.
Contrario a los prejuicios sociales, entre los rockeros existe un profundo respeto por sus semejantes. En conciertos, reuniones o simples charlas de banqueta, el rock ha sido históricamente un espacio de encuentro donde caben las diferencias. La diversidad de ideas, creencias y orígenes no divide: enriquece. El respeto se expresa en la lealtad, en la palabra cumplida y en la solidaridad silenciosa que muchas veces no se ve, pero se siente. La hermandad rockera entiende que nadie es más que nadie, porque todos cargan su propia historia y sus propias batallas.
Ser rockero tampoco equivale a ser un resentido social. La crítica que surge del rock no nace del odio, sino de la conciencia. Señalar lo que duele no significa desear la destrucción, sino anhelar el cambio. El rockero cuestiona porque piensa, protesta porque siente y alza la voz porque se niega a ser indiferente. Hay una diferencia profunda entre el resentimiento y la inconformidad creativa: el primero paraliza, el segundo transforma.
En el fondo, el rock es una ética antes que un género musical. Enseña a respetar sin someterse, a disentir sin deshumanizar y a caminar con firmeza sin pisotear a otros. Por ser rockero, se aprende que la verdadera rebeldía no está en destruir al prójimo, sino en construir identidad, comunidad y sentido, aun en un mundo que muchas veces no entiende el ruido de una guitarra, pero sí puede sentir la honestidad de quien la hace sonar.
Finalmente, es importante señalar que un verdadero rockero no necesita descalificar para afirmarse. El simulador del rock es aquel que, detrás de una pose rígida y excluyente, es incapaz de aceptar otras expresiones musicales y otras formas de pensamiento transformativo. Quien niega la diversidad traiciona el espíritu mismo del rock, que nació para romper moldes y ampliar horizontes, no para crear nuevos dogmas. El rock auténtico dialoga, escucha y evoluciona; entiende que la libertad que se exige para uno mismo debe también concederse a los demás. Solo así la rebeldía conserva su sentido y deja de ser una simple caricatura.
"El Señor es mi Pastor, Blues mi religión, Hermanos..... El blues sea con ustedes" JBR
No hay comentarios:
Publicar un comentario