martes, 30 de diciembre de 2025

Librería Gandhi: andar de sabueso entre libros




 

EL sabueso entre libros.

Entrar a la Librería Gandhi del centro comercial La Esfera no fue una simple visita en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, fue un acto de olfato lector. Caminé como sabueso curioso, siguiendo el rastro invisible de los libros, dejándome llevar por el aroma del papel y la promesa de historias. Ahí dentro el tiempo se desacelera; la prisa se queda afuera y uno vuelve a caminar despacio, como quien sabe que va a encontrar algo, aunque no sepa exactamente qué.

Gandhi tiene historia, y se siente. No es solo una librería: es un espacio que desde sus orígenes apostó por el pensamiento libre, la lectura como acto cotidiano y la cultura como forma de resistencia pacífica. Sus frases provocadoras y su identidad irreverente han logrado algo poco común: que leer no parezca solemne, sino necesario, cercano y profundamente humano.

Recorrer sus anaqueles es iniciar un diálogo interior. Entre novelas, ensayos y crónicas aparecen también libros de cultura del rock y del blues, biografías de músicos, historias de acordes, rebeldías y silencios. Elegir un libro ahí no es una compra impulsiva, es una conversación con uno mismo, como encontrar un disco que suena distinto justo cuando más lo necesitas.

Uno de los grandes aciertos de Gandhi es su sala de lectura. Ese espacio que invita a hojear sin compromiso, a leer sin culpa, a sentarse un momento y dejar que el libro hable primero. Todo acompañado por la Radio Gandhi, donde suena un blues suave y fino, un jazz de café mediador y un rock pop variado que no distrae, sino que acompaña. La música no compite con la lectura, la abraza.

Al final, Gandhi no se queda en la tienda. El libro elegido viaja contigo y encuentra su lugar en ese rincón personal de casa: una silla, una mesa, una lámpara, un silencio propio. Ahí, la librería se transforma en hogar portátil y confirma algo esencial: leer sigue siendo una de las formas más íntimas y libres de habitar el mundo.

 " El Señor es mi Pastor, el Blues mi religión,  Hermanos..... el Blues sea con ustedes" JBR



 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Ser Rockero




Ser rockero no es solo una estética ni una pose desafiante ante el mundo; es una forma de estar en la vida. La rebeldía que caracteriza al rock nace como una respuesta consciente frente a la injusticia, la hipocresía y la imposición de modelos únicos de pensamiento. Por eso, el rockero no se rebela por capricho, sino por convicción. Su inconformidad es una manera de afirmar la libertad individual y la dignidad humana, no de negarlas en los demás.

Contrario a los prejuicios sociales, entre los rockeros existe un profundo respeto por sus semejantes. En conciertos, reuniones o simples charlas de banqueta, el rock ha sido históricamente un espacio de encuentro donde caben las diferencias. La diversidad de ideas, creencias y orígenes no divide: enriquece. El respeto se expresa en la lealtad, en la palabra cumplida y en la solidaridad silenciosa que muchas veces no se ve, pero se siente. La hermandad rockera entiende que nadie es más que nadie, porque todos cargan su propia historia y sus propias batallas.

Ser rockero tampoco equivale a ser un resentido social. La crítica que surge del rock no nace del odio, sino de la conciencia. Señalar lo que duele no significa desear la destrucción, sino anhelar el cambio. El rockero cuestiona porque piensa, protesta porque siente y alza la voz porque se niega a ser indiferente. Hay una diferencia profunda entre el resentimiento y la inconformidad creativa: el primero paraliza, el segundo transforma.

En el fondo, el rock es una ética antes que un género musical. Enseña a respetar sin someterse, a disentir sin deshumanizar y a caminar con firmeza sin pisotear a otros. Por ser rockero, se aprende que la verdadera rebeldía no está en destruir al prójimo, sino en construir identidad, comunidad y sentido, aun en un mundo que muchas veces no entiende el ruido de una guitarra, pero sí puede sentir la honestidad de quien la hace sonar. 

 Finalmente, es importante señalar que un verdadero rockero no necesita descalificar para afirmarse. El simulador del rock es aquel que, detrás de una pose rígida y excluyente, es incapaz de aceptar otras expresiones musicales y otras formas de pensamiento transformativo. Quien niega la diversidad traiciona el espíritu mismo del rock, que nació para romper moldes y ampliar horizontes, no para crear nuevos dogmas. El rock auténtico dialoga, escucha y evoluciona; entiende que la libertad que se exige para uno mismo debe también concederse a los demás. Solo así la rebeldía conserva su sentido y deja de ser una simple caricatura.

"El Señor es mi Pastor, Blues mi religión, Hermanos..... El blues sea con ustedes" JBR 

 



sábado, 27 de diciembre de 2025

ACORDES DE PAZ. FELIZ AÑO 2026


 




 El año termina como una canción que baja el volumen poco a poco, dejando ecos de nostalgia en el aire. El rock y el blues acompañan este cierre con melodías que miran hacia atrás sin miedo, recordándonos noches largas, caminos recorridos y emociones que solo la música sabe ordenar. Hay algo en el fin de año que suena a acorde menor: una mezcla de gratitud y melancolía que invita a detenerse y escuchar lo vivido.

Al hacer balance, aparecen lo bueno y lo malo como caras inseparables del mismo disco. Hubo días luminosos y otros que pesaron más de la cuenta, pero todos dejaron marca. Como cantaba Mecano, “no hay marcha en Nueva York” sin despedidas ni cambios, y entender eso ayuda a aceptar que cada final trae consigo una lección. Lo vivido no se borra: se transforma en experiencia, en memoria y en canción.

Entre errores y aciertos, también quedan abiertas las áreas de oportunidad para crecer. Cada tropiezo señala un camino nuevo, cada silencio invita a aprender a escucharse mejor. El rock siempre habló de caídas y levantadas, y el blues enseñó que del dolor puede nacer algo honesto. Crecer no es olvidar lo que dolió, sino usarlo como impulso para avanzar con más claridad.

En ese proceso, el rock y el blues se convierten en música de renovación. Sus acordes no solo recuerdan lo que fue, sino que empujan hacia lo que puede ser. Hay renovación cuando una guitarra vuelve a sonar, cuando una voz se anima otra vez a cantar. El nuevo año se anuncia como un escenario en blanco, listo para ser llenado con riffs, versos y nuevas intenciones.

Porque al final, el rock y el blues también son felicidad: la alegría simple de sentirse vivo, acompañado y en sintonía. Son celebración compartida, brindis sincero y esperanza amplificada. Que el 2026 llegue con más música, más unión y más motivos para sonreír. Feliz año nuevo, que siga sonando la vida al ritmo del rock y el blues.

"El Seños es mi Pasttor, el blues ni religión..... Hermanos el Bpues sea con Ustedes" JBR



 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Navidad Rockera: Noche de Luz, Rebeldía y Esperanza




 

 La Navidad rockera no niega el nacimiento de la esperanza; la amplifica con guitarras eléctricas, silencios cargados de verdad y una actitud que se rehúsa a la hipocresía. Es una Navidad sin barniz, donde la fe no se susurra: se canta con voz rasgada, se vive con convicción y se defiende con coherencia. Aquí, el espíritu navideño no se mide por adornos perfectos, sino por la honestidad de mirar de frente nuestras sombras y decidir cambiar.

En esta noche, el pesebre no está hecho de porcelana: es madera gastada, amplificadores viejos y una mesa donde caben historias rotas que buscan redención. El rock —lenguaje de inconformidad— se convierte en plegaria cuando recuerda que la verdadera rebeldía es amar en un mundo que empuja al odio. La Navidad rockera no adormece conciencias; despierta. Nos recuerda que nacer de nuevo implica romper cadenas, cuestionar lo injusto y reconciliarnos con lo esencial.

Cristo, en esta escena, no es una figura distante: es el frontman del diálogo, el mediador que sube al escenario del corazón humano para pedir silencio y escucha. Su mensaje no compite con el ruido; lo atraviesa. Nos invita a bajar el volumen del ego y subir el de la compasión. La paz que propone no es tibia: es valiente, incómoda, transformadora. Es la paz que se gana cuando se elige el perdón como acto radical.

La Navidad rockera celebra la mesa compartida sin máscaras, el brindis que reconoce errores y la promesa de hacerlo mejor mañana. Es una noche para agradecer lo vivido, honrar las cicatrices y encender una luz que no parpadea ante la adversidad. Entre riffs y silencios, entendemos que el milagro no está en la perfección, sino en la decisión diaria de vivir con verdad.

Porque cuando la fe se toca con distorsión y la esperanza marca el ritmo, la Navidad no solo se recuerda: se vive. Y en ese compás, el rock se vuelve camino, la noche se vuelve clara y el corazón aprende a latir en paz


"El Señor es mi  Pastor, el Blues mi religion, Hreamnso el VLues sea con ustedes" JB

Felicies Fiesta!!!




sábado, 13 de diciembre de 2025

Rock y fe: el regreso de Andanzas de un rockero y blusero



  A Carlos Zaldivar

El Sensei


 Rock y fe: el regreso de Andanzas de un rockero y blusero

El rock y el blues nacieron como gritos del alma. Desde sus orígenes, ambos géneros han sido territorios de rebeldía, dolor, búsqueda y redención. En ese cruce profundo entre la experiencia humana y la necesidad de sentido aparece la fe, no siempre como dogma, sino como pregunta insistente. Andanzas representa ese regreso: el de un rockero y blusero que, después de recorrer excesos, escenarios y silencios, vuelve a mirar hacia adentro.

El rockero de Andanzas no reniega de su pasado. Al contrario, lo abraza. Cada riff y cada lamento de blues cargan historias de noches largas, carreteras polvorientas y pérdidas inevitables. Sin embargo, algo cambia: la fe ya no es un concepto ajeno ni una imposición externa, sino una experiencia que se filtra entre acordes. No es la fe perfecta del creyente disciplinado, sino la fe rota del músico que duda, cae y vuelve a levantarse.

El blues, con su raíz espiritual afroamericana, sirve como puente natural. Desde los spirituals hasta el gospel eléctrico, siempre hubo una conversación entre Dios y el dolor. En Andanzas, esa conversación se vuelve personal. El rockero habla con un Dios que escucha más de lo que juzga, un Dios que camina con él en lugar de esperarlo en el altar. La fe se vuelve camino, no destino.

Este regreso no significa domesticación. El rock sigue siendo áspero, incómodo, honesto. La fe no lo suaviza, lo profundiza. Las letras no predican; confiesan. La guitarra no sermonea; llora y celebra. En esa tensión entre distorsión y esperanza, Andanzas encuentra su identidad: un testimonio imperfecto pero verdadero.

Así, Andanzas no es solo el regreso de un músico o de una pluma extraviada  a la fe, sino el regreso de la fe al territorio del rock y el blues, donde siempre perteneció: en la vida real, en la duda, en la lucha cotidiana por encontrar sentido sin dejar de ser uno mismo

"El Señor es mi Pastor: El blues mi religión.... Hermanos el Blues sea con Ustedes" JB

Alberto Villegas